Proverbios 25:26
“Como fuente turbia y manantial corrompido, es el justo que cae delante del impío” (Pr 25:26).
Resiste a los impíos con una vida santa y principios piadosos. No transijas con lo que no es justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con las diferencias. Lucha contra los impíos guardando los mandamientos de Dios (Pr 28:4; Ef 5:11-17). Libera a los oprimidos oponiéndote a los impíos (Pr 24:11-12; 31:8-9). Cumple tu papel siendo sal en la tierra, purificadora y preservante (Mt 5:13).
Las fuentes y los manantiales en el Medio Oriente todavía son muy importantes. La escasez de lluvia en ciertos lugares los hizo muy importantes (Gn 26:18-22; Jue 1:15). Una fuente con problemas es aquella que da agua turbia. Un manantial corrupto es aquel que da agua impura. Tales fuentes y manantiales pierden su valor como activos y se transforman en una frustrante decepción.
Los justos y los sabios deben ser fuentes, manantiales y árboles de vida para quienes los rodean (Pr 10:11,21; 11:30; 12:18; 15:4,26; 16:24; 18:4). Pero si comprometen su conducta o su influencia, son tan decepcionantes y frustrantes como una fuente turbia o un manantial impuro para los que necesitan el agua de vida (Pr 15:4; 17:7; 25:19; Ec 10:1).
Los justos caen cuando no mantienen un estilo de vida santo ante los impíos y cuando no se levantan contra la maldad. Dos aspectos de esta caída del justo brindan otro ejemplo de la amplitud de la Escritura inspirada, que permite que los mandamientos de Dios sean sumamente extensos en su aplicación (Sal 119:96; Mt 5:21-32).
Pablo le enseñó a Timoteo esta misma regla doble (1 Ti 4:16). Un justo, un siervo del Señor Jesucristo, tiene el deber de guardar cuidadosamente tanto su vida personal como su doctrina. Debe vivir una vida santa, y debe permanecer inamovible en las Sagradas Escrituras. Es por el celo diligente en ambos pilares que un hombre de Dios salva del naufragio tanto su propia vida y como la de aquellos sobre los que influye.
“Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable” (Ec 10:1). Por supuesto, los impíos se regocijan al ver caer al justo. Pasan por alto todos los pecados del impío, pero proclamarán un solo pecado del justo a los cuatro vientos. El adulterio de David, aunque un pecado común entre los impíos, dio oportunidad para que todos los enemigos de Jehová blasfemaran Su nombre (2 S 12:14).
Debes vivir y trabajar en el mundo, al que le encanta burlarse del cristianismo bíblico por cualquier hipocresía que encuentre en el carácter o la conducta de los cristianos. Es tu deber y privilegio cerrarles la boca mediante una vida virtuosa que no permita tales críticas a tu Señor o Su religión (1 Ti 5:14; 6:1; Tit 2:1-10; 1 P 4:14-16). Vive con cuidado para permanecer sin culpa como Daniel y el Señor Jesús (Dn 6:3-5; Lc 23:4,14), para que cualquier acusación en tu contra sea falsa y sin hechos que la respalden (1 P 2:18-20; Mt 5:10-12). ¡Honra al Señor con tu vida!
Si un justo en una posición de autoridad no resiste a los impíos, ¿quién lo hará? Está obligado por las bendiciones de la sabiduría y el Espíritu del Señor a usar su influencia para el bien y contra el mal (Pr 17:15; 18:5; 24:11-12, 23-24; 28:21; 31:8-9). Job, David y otros fueron ejemplos en este rol virtuoso en la sociedad (Pr 12:6; Job 29:17; Sal 82:4; Is 58:6). No hay excusa para caer ante los impíos. ¡Levántate y sé contado entre los justos del Señor!
- - - - - -