Proverbios 25:27
“Comer mucha miel no es bueno, Ni el buscar la propia gloria es gloria” (Pr 25:27).
Un poco de miel es suficiente. Su dulzor supera a la mayoría de los alimentos, por lo que una pequeña cantidad puede satisfacer tu gusto y apetito. Consumir más que un poco te provocará náuseas y otros malestares (Pr 25:16). De la misma manera, desear o buscar la alabanza de los hombres, para traerte gloria, no es gloria. Es repugnante, nauseabundo y vergonzoso.
Aquí hay un gran proverbio con una valiosa lección. Como en muchos proverbios, la conducta humana se compara con un producto natural. Salomón usa el conocimiento universal de la dulzura de la miel para condenar la ambición y el deseo de los hombres de buscar su propia gloria.
En esta generación artificial, la mayoría ignora la miel. Son adictos a la dextrosa, la fructosa, la glucosa, la lactosa, la maltosa, la sacarosa, el jarabe de maíz y otros edulcorantes artificiales, que estimulan el apetito en lugar de satisfacerlo. ¿Cuándo fue la última vez que comiste un poco de miel? Para los informados, la miel es un alimento natural exquisito que Dios creó para tu salud y bienestar (Pr 24:13).
El Señor describió a Canaán, la tierra prometida de Israel, como una tierra de la que mana leche y miel (Ex 3:8; Dt 8:7-9). Incluso el maná que le dio a Israel durante cuarenta años sabía a hojuelas con miel (Ex 16:31). Nadie puede negar que la miel es dulce. Es el doble de dulce que el azúcar. En recetas que requieran azúcar, el equivalente a la mitad de su cantidad bastará si se usa miel en vez.
Buscar elogios, honra o gloria personales es tan repugnante como atiborrarse de miel. Los sabios evitan las alabanzas, aunque la mayoría hoy en día están obsesionados con ellas (2 Ti 3:1-5). Tratar de aumentar tu gloria y popularidad será repugnante para los que te observen. Lo que pensabas que era dulce se volverá nauseabundo. Cualquier honor que debas buscar no es verdaderamente honor, porque no es real ni sincero, y aquellos a los que se lo mendigas te desprecian por ello.
La mayoría hoy se harta de la miel del orgullo, odiando la humildad y la modestia. Es la generación más egoísta, egocéntrica, ególatra e infantil de la historia de la humanidad. Han hecho del narcisismo y del amor propio formas de arte. Han inventado toda clase de dispositivos y plataformas para auto-promocionarse en la internet, para acumular falsos “seguidores” y falsos “amigos” cuyas verdaderas identidades son totalmente desconocidas. Ofrecen sus opiniones, su privacidad y los detalles de su vida al mundo, aunque a los únicos que les importa sean estafadores y delincuentes virtuales. Puedes observar fácilmente el descenso de la humanidad a la locura diabólica de la arrogancia y la presunción desenfrenadas en la generación de las “selfies”.
Moisés fue uno de los líderes más grandes de Israel, pero era el hombre más humilde de la tierra, no buscó su propia gloria (Nm 12:3). Dios defendió a este hombre humilde castigando severamente a los que lo acusaron de soberbia (Nm 12:1-15; 16:1-40). Los verdaderamente sabios buscarán ser humildes (Mt 5:5; Stg 3:13; 1 P 3:4), como se hizo Pablo al seguir al Señor Jesucristo (2 Co 10:1). Sólo se jactó cuando se vio obligado a hacerlo en provecho de otros (2 Co 12:11).
¿Alguna vez has escuchado a una persona que se alaba a sí misma al orar, como cuando alguien le agradece a Dios por haberla hecho tan talentosa? (Lc 18:11) ¿Alguna vez te has alabado así? ¿Puedes contenerte en un grupo y no hablar a menos que otros te lo pidan? La regla apostólica es rechazar la vanagloria y hacer que los demás y sus obras sean más importantes que tú (Fil 2:3-4).
Si anhelas alabanza y gloria, entonces espera a que otros te la den, para que sepas que es sincera y merecida (Pr 25:6-7; 27:2). Si tienes que esperar mucho tiempo, ten por seguro que no te la mereces. ¡Alaba a otros mejor! Es más bienaventurado dar que recibir (Hch 20:35), especialmente en este asunto.
Cuando una persona te cuenta acerca de un evento en su vida, ¿tu respuesta típica es mencionar un evento similar o una conexión de tu vida y pasar por alto el valioso punto que la persona está haciendo? ¡Lástima! Te estás atiborrando de miel, y ni siquiera lo sabes. Cállate sobre ti mismo. No quieren saber de ti, o te lo habrían preguntado.
La única aprobación que importa es la de Dios. Rechaza la alabanza de los hombres por la alabanza de Dios, y te librarás de un lazo horrible (Jn 5:44; 12:43). Diótrefes se moría de ganas por recibir el honor de los hombres, por lo que el amado Juan lo censuró severamente (3 Jn 1:9-11). Recuerda que todo lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación (Lc 16:15).
Si te examinas en el espejo de la Escritura, verás suficientes defectos y deformidades para mantenerte humilde y evitar buscar la gloria de los hombres (Stg 1:21-25). “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 P 5:6). Mejor, cae a los pies del Señor Jesucristo, y espera que Él ponga su diestra sobre ti y te encomiende alguna tarea (Ap 1:17-19). ¡No hay mayor gloria que esta!
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