Proverbios 26:2
“Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa” (Pr 26:2).
Cuando el dolor y los problemas llegan a tu vida, no es debido a un encadenamiento fatal de eventos que obra fortuitamente. El Señor bendice, y el Señor maldice. Y Él no maldice al azar ni caprichosamente: hay una causa justa para Su juicio. La maldición cae sobre el hombre y su hogar por una buena razón, tan certeramente como el gorrión y la golondrina siguen un curso de vuelo ya trazado.
Los cambios alternos de sucesos prósperos y adversos que ocurren en la vida de una persona a menudo pueden parecer tan aleatorios como el vuelo de las aves en el cielo. Pero el vuelo de las aves tiene un propósito que siempre se cumple, y que muchas veces va más allá de simplemente llegar a su destino designado.
Si eliges una vida carnal de interés egoísta en este mundo, el Señor te maldecirá (Pr 3:31-35; 11:26; 21:12; 28:27; Sal 37:22). Es horrible cuando Dios maldice a un hombre, a una familia o a una nación (Lv 26:14-40; Dt 11:26-29; 28:15-68; 29:14-29). Él te conoce a ti y tus peores temores. Él sabe lo que hará que tu vida sea peor que la muerte. Elige el temor del Señor.
Pablo está de acuerdo con Salomón:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gl 6: 7).
El camino de los transgresores es duro (Pr 13:15). No pienses ni por un segundo que no cosecharás lo sembrado o que tus problemas actuales son mera casualidad. Así como Dios le maldijo la tierra a Adán con espinos y cardos literales (Gn 3:18), así Él puede maldecir tu vida con espinos y cardos espirituales (Pr 22:5). Cuando Él pone Su rostro contra alguien para mal, un gran mal viene sobre esa persona (Lv 20:5; Jer 21:10).
El Israel antiguo descuidó la adoración de Dios, por lo que Él los amenazó con maldición (Hag 1:5-11; Mal 1:14; 2:2; 3:9; 4:6). Les advirtió a los falsos adoradores que juraban falsamente en Su nombre que Su maldición consumiría sus casas, la madera y hasta las piedras que les servían de cimientos (Zac 5:1-4). Él puede destruir hasta los cimientos de tu vida. Cuídate de que no te maldiga por confiar en la carne y apartarte de Él (Jer 17:5).
En el día de la adversidad, considera (Ec 7:14). Tus problemas no son un accidente o una serie de eventos al azar; fueron preparados y enviados por el Altísimo.
Para advertirte acerca de las maldiciones del Señor sobre los que endurecen su corazones contra Él, Moisés convocó a una asamblea pública donde las enumeró con gran detalle (Dt 28:15-68).
Y cuarenta y dos jóvenes aprendieron muy tarde que no deberían haberse burlado de Eliseo, el profeta del Señor, como si se tratara de un hombre común (2 R 2:23-25). Es un profundo ignorante quien no sabe que el Señor se propone hacer tanto el bien y como el mal (Lm 3:37-38).
La mayor maldición del Señor sobre tu vida es a causa de tus pecados. Y a todos los maldecidos por Él, les dirá:
Pero el Hijo de Dios fue hecho maldición por ti (Gl 3:13), por lo que puedes elegir, en vez, ser bendito por toda la eternidad. Solo el que no amare al Señor Jesucristo será maldito. ¡Maranata! (1 Co 16:22). El Señor viene.
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