Proverbios 26:25

“Cuando hablare amigablemente, no le creas; porque siete abominaciones hay en su corazón” (Pr 26:25).

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No se puede confiar en las personas con odio en su corazón, porque también son mentirosas. Sus palabras amables son solo para ocultar su odio y engañarte. Solo los necios les creen. Estas personas odiosas te rebanarán hasta la médula, tan pronto como sea útil para su causa. Sus corazones están llenos de pensamientos perversos, incluso cuando te halagan y pretenden ser amistosas.

Hay dos contextos para este proverbio, uno inmediato y otro más amplio. El contexto inmediato describe a las personas odiosas (Pr 26:24). Estas personas impías tuercen sus palabras para pretender ser algo que no son. Planean y traman cómo ocultar su perversa malicia, mientras te mienten sobre sus intenciones. No se saldrán con la suya por mucho tiempo, porque serán expuestas ante todos los justos (Pr 26:26).

El contexto más amplio es una colección de proverbios que tratan sobre chismosos odiosos y otros engañadores (Pr 26:17-28). En doce versículos, Salomón enumera las diversas formas en que el odio, la mentira, las murmuraciones y las contiendas conducen a pleitos, problemas y juicios. El mundo sería un lugar mejor si todas esas personas fueran arrojadas al estercolero (Pr 26:23), pero el Señor les pagará en especie, juzgándolas de manera similar a lo que planearon para los demás (Pr 26:27).

Las buenas palabras y los discursos justos pueden engañar al simple y al sentimental, pero los hombres prudentes rechazan las meras palabras; los sabios miden todo y siempre sólo por las acciones a largo plazo. Incluso el carácter de un niño se conoce por sus acciones (Pr 20:11). Puedes reconocer a un homicida por sus frutos, no por sus palabras (Mt 5:21-22; 7:16; Stg 3:12).

Siete es el número perfecto en las Escrituras y significa una cantidad completa. Una persona odiosa tiene una gran variedad de abominaciones en su corazón, sin importar lo que diga en público. Y le darás una ventaja adicional para hacerte daño, si crees en sus mentiras. No le creas; protégete desconfiando de las personas odiosas.

Caín era un hombre así. Habló con Abel, pero tenía un cuchillo en la mano y odio en su corazón (Gn 4:8). Los hermanos de José consolaron a su padre, aunque ellos mismos eran la causa de su dolor (Gn 37:35). Saúl le ofreció a David su hija, sólo con el propósito de matarlo (1 S 18:17). Absalón esperó dos años enteros y rogó a sus hermanos que fueran a una fiesta, para poder matar a Amnón (2 S 13:22-29). Judas le prometió lealtad eterna a su Maestro, pero lo traicionó a penas pudo por treinta piezas de plata (Mt 26:15).

¿Cómo puedes saber si una persona es odiosa, si este proverbio se trata de ella? (Pr 26:24) Aquí hay algunos rasgos: La persona odiosa no perdona rápida y completamente; se aferra a las ofensas; asume lo peor de los demás; permite que la ira hierva a fuego lento más allá de un día; es egocéntrica; puede criticar cruelmente; se enoja desproporcionadamente por la ofensa; se amarga; puede ser sarcástica; no es amable con los que están por debajo de ella; es orgullosa; trata mal a los enemigos; se alegra cuando sus enemigos son heridos...

¿Cuáles es la lección? Primero, mantente alerta cerca de una persona odiosa. Rechaza sus halagos, porque es mentirosa. Su corazón está lleno de perversa malicia, pero lo encubre con falsa bondad. Segundo, sé fiel en todas tus relaciones, incluso en tu corazón, para que no te parezcas en nada a esta persona despreciable. Ama incluso a tus enemigos; perdona cada ofensa rápida y completamente. En la medida en que muestres amor y misericordia, Dios te mostrará lo mismo a ti.

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