Proverbios 26:4

“Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él” (Pr 26:4).

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Los necios no merecen respuestas. Ahórrate el dolor, los problemas y la pérdida de tiempo al tratar con ellos ignorando sus preguntas rencorosas, estúpidas y envidiosas. Toma el camino elevado de la verdad y la sabiduría, y no te rebajes a su  nivel. Las respuestas no son un derecho, son un privilegio solo para aquellos que cumplen las condiciones para la verdad.

Está mal debatir con el necio. Los necios no merecen conocimiento ni verdad. La sabiduría es demasiado preciosa para desperdiciarla con ellos. Los sabios tienen mejores cosas que hacer con su tiempo. Y debatir con necios es una pérdida de tiempo. Si debates con ellos, honras su ignorancia.

Debes decir lo suficiente para cerrarles la boca, más que eso es necedad y pecado (Pr 26:5). No merecen ningún honor (Pr 26:1); un azote los ayudaría más (Pr 26:3). Para evitar que piensen que tienen razón, puedes refutar brevemente sus ideas idiotas. La verdad no retrocede ante nadie, pero tampoco tiene la obligación de perder el tiempo con nadie.

Si discutes la verdad con un necio, primero despreciará tus sabias palabras y se burlará de las cosas preciosas que le digas (Pr 23:9). Degradarás la verdad al dejar que él se burle y te ofenda. Luego tergiversará tus palabras y las usará contra ti, porque su corazón está corrompido por el odio y la amargura (Is 29:20-21). Déjalo, está ciego y se transformará en un guía de otros ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo (Mt 15:14). 

El Señor Jesús confirmó a Salomón al enseñar: 

“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen” (Mt 7:6). 

El Señor a menudo reprendió a los fariseos, a los saduceos, a los herodianos, a los doctores de la ley y a los escribas de su época, pero evitó estrictamente cualquier debate de largo aliento con ellos.

El Señor los llamó perros y cerdos, que son animales viles y ejemplos perpetuos de crueldad bestial y codicia egoísta, entre otros rasgos despreciables. Cuando se le dijo que había ofendido a los fariseos, Jesús le dijo a sus discípulos: 

“Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mt 15:14).

¿Cómo detectas a un necio? Fácil. Escúchalo hablar (Pr 14:7), y mide su andar (Pr 20:11). Un necio habla mucho, le gustan sus propias ideas, se enoja fácilmente, siempre excusa su conducta, menosprecia a los que no piensan como él, prefiere enseñar a que le enseñen, ama el sonido de sus propias palabras, se resiente cuando le dicen la verdad, busca el apoyo y la validación de otros necios, guarda rencor. Como no vive de acuerdo con la Biblia no da fruto espiritual así que envidia a los que sí lo hacen.

No puedes persuadirlo por medio del razonamiento, ni puedes pensar que el amor lo ganará (2 Ti 2:24-26; 1 Co 15:33) . Hay peligro en este humanismo sentimental, por lo que Pablo advierte contra los que hacen preguntas tontas y objeciones insensatas (1 Ti 1:3-7; 4:7; 6:20; 2 Ti 2:14-16,23; Tit 1:14;3:9). Otros tratarán de avergonzarte por no dialogar con el necio, pero ellos mismos son solo otra clase de necios. Sigue las Escrituras: como este proverbio.

Las respuestas y la verdad no son un derecho. Son un privilegio solo para quienes cumplen las condiciones. Cuando los hombres no tienen el espíritu correcto y la receptividad necesaria para la verdad, Dios les envía un poder engañoso para que crean la mentira y sean condenados por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos (2 Ts 2:9-12). Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios de que nos haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad (2 Ts 2:13).

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