Proverbios 26:5
“Responde al necio como merece su necedad, para que no se estime sabio en su propia opinión” (Pr 26:5).
Los necios no merecen la verdad ni el honor de una respuesta amable (Pr 17:16; 26:1). Se burlarán de tus buenas palabras, y las pervertirán para calumniarte (Mt 7:6). La regla general es evitar a los necios y no enredarte con ellos (Pr 14:7; 23:9). Pero antes de dejarlos, Dios dice que les respondamos como merece su necedad, para que no se estimen sabios en su propia opinión.
Los necios piensan y hablan en contra de Dios, la verdad y la sabiduría. El sabio debe cerrarles la boca para que no supongan que sus pensamientos son aceptables o correctos. Si el necio no es reprendido, se envanecerá en su error y se volverá escarnecedor (Pr 26:12). Antes de que su caso sea completamente desesperado, y la verdad yazca destrozada en el lodo, es bueno desmenuzar sus tontas ideas.
Salomón también enseña a no responder a los necios, ni a trenzarse en debates con ellos, o serás como ellos (Pr 26:4). Los necios no merecen atención, discusión de sus ideas o respuestas a sus preguntas. Pablo a menudo advierte a los creyentes que ignoremos y rechacemos preguntas tontas y disputas vanas (1 Ti 1:3-7; 4:7; 6:20; 2 Ti 2:14-16,23; Tit 1:14; 3:9).
En un contexto más amplio, Salomón prohíbe dar honra al necio (Pr 26:1); advierte que Dios ha maldecido a los necios (Pr 26:2); concluye que el único tratamiento que realmente funciona con ellos es silenciarlos con respuestas sabias, y dejar que el castigo corporal haga el resto (Pr 26:3). Describe con detalles el carácter de un necio y el trato que merece en los versículos siguientes (Pr 26:6-12).
Los necios varían en educación e inteligencia. Los grandes necios escriben libros, enseñan a nivel universitario, trabajan en los medios de comunicación o predican los domingos. Propugnan la evolución y el calentamiento global, defienden la sodomía, protegen el aborto, promueven la marihuana, justifican los sindicatos, condenan las penas corporales y capitales, rechazan a Dios y prohíben la oración, entre otras formas de pensamiento demente y anarquista. Los necios de entre la multitud adoran a los grandes necios de arriba.
Todos estos necios deben ser acallados. No esperes que reciban la verdad o la sabiduría. Dios los ha entregado a mentes reprobadas (Ro 1:18-28). No pueden reconocer la verdad, aunque brille de día en el sol y de noche en las estrellas y la luna (Sal 19:1-6). Si encuentras uno, hazle saber que está equivocado en términos inequívocos y luego evítalo.
Te encuentras con necios todos los días. La necedad abunda en el mundo, en parte porque nadie habla en contra de ella. Cuando los necios dicen o hacen alguna necedad, es nuestro prudente deber y bendito privilegio corregirlos con la verdad. Pero después de cerrarles la boca, debemos ignorarlos, no sea que arrojemos perlas delante de los cerdos y demos lo santo a los perros (Mt 7:6).
El Señor Jesús fue magistral a la hora de cerrarle la boca a los necios, y no tuvo misericordia con sus falacias y herejías. Sobrenaturalmente discernió sus vanas intenciones, y volvió contra ellos sus preguntas maliciosamente planeadas. Cuando terminó con ellos, no podían replicar ni querían hacerle más preguntas (Mt 22:15-46).
Pablo testificó ante los filósofos griegos en Atenas, los mismos necios que el mundo moderno adora por sus alucinaciones sobre el origen de la vida (Hch 17:16-34). Comenzó acusándolos de superstición y terminó hablándoles de la venida del Señor Jesús a juzgarlos. ¿Conoces a este Jesús? ¿Lo amas? ¡Si no, tú también eres un necio! (Sal 14:1; 1 Co 16:22)
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