Proverbios 27:10
“No dejes a tu amigo, ni al amigo de tu padre; Ni vayas a la casa de tu hermano en el día de tu aflicción. Mejor es el vecino cerca que el hermano lejos” (Pr 27:10).
Los justos conservan a sus buenos amigos. Pero muy pocos hombres califican como buenos amigos. Si se los tiene, es prudente mantener a tales amigos muy cerca, incluso por encima de un hermano de sangre. Un pequeño grupo de amigos virtuosos y leales es mucho mejor que la relación natural de la familia. La sangre podrá ser más espesa que el agua, como se dice, ¡pero no es más espesa que el carácter piadoso en el Señor Jesús! “Amigo hay más unido que un hermano” (Pr 18:24).
Cuando vengan los problemas, y vendrán, quieres tener a tu lado a un verdadero amigo, uno que te ame en todo momento y considere tus problemas como propios (Pr 17:17). Quieres un amigo que piense lo mismo que tú y que esté contigo sin importar el costo o la dificultad. Una amistad basada en la fe, en la verdad y en la sabiduría del Señor superará con creces la esperada ayuda de un hermano natural al que solo te une la sangre y el apellido.
Tu éxito en la vida depende de tener buenos amigos (Ec 4:9-12). Que Dios te de al menos un buen amigo es una gran bendición. Salomón usó este proverbio para ayudar a su hijo a gobernar una gran nación que se extendía desde el Éufrates hasta Egipto. Él mismo se había beneficiado mucho de los amigos de su padre, Hiram el rey de Tiro (2 S 5:11; 1 R 5:1-18) y Benaía, capitán de la guardia personal (2 S 20:23; 23:20-23; 1 R 1:38; 2:25-46).
Considera la historia inspirada. José recibió mayor bondad de sus captores extranjeros que de sus propios hermanos. David recibió mayor lealtad y servicio de parte de los vagabundos que lo siguieron en su huida de Saul, y mayor amor y lealtad de parte de Jonatán, que de sus envidiosos hermanos de sangre. Igualmente el Señor Jesús recibió mayor simpatía y lealtad de Sus discípulos que de Sus propios hermanos (Jn 7:1-5; Lc 22:15). Sabía que Su verdadera familia estaba compuesta por aquellos que escuchaban la palabra de Dios y la guardaban (Mt 12:46-50).
Dios escogió a David por su corazón puro (1 S 16:6-13). Jonatán vio esto más claramente que los envidiosos hermanos del salmista (1 S 17:28). Aunque arriesgó mucho, lo amó mucho (1 S 18:1-4). Amando la virtud por encima de la familia y la carrera, Jonatán eligió a David sobre su propio padre (1 S 19:1-7). Ambos amigos hicieron votos contra los lazos de sangre de Jonatán (1 S 20:42) e incluyeron a sus hijos (1 S 23:42). David valoró el amor de Jonatán por encima de el de las mujeres (2 S 1:26), y ayudó al hijo de Jonatán cuando estaba en necesidad (2 S 9:1; 21:7).
Los amigos piadosos son superiores a los hermanos de sangre, porque la relación se construye sobre un mejor cimiento. Son superiores por sus corazones regenerados, la sangre preciosa de Cristo, la verdad absoluta de la Palabra de Dios, el odio piadoso a la transigencia, una vida en busca de la santidad y la esperanza de la vida eterna. La Biblia reconoce a amigos así como la propia alma del que los tiene, incluso distinguiéndolos del amor de una mujer (Dt 13:6; 1 S 18:1,3; 20:17).
¿Entiendes la importancia de esta lección? Sin grandes amigos centrados en la piedad, ¿quién te ayudará en el día de tu necesidad? Caerás y quedarás postrado. Dos son mejores que uno por cuatro razones (Ec 4:9-12); arriesgas tu futuro al no tener al menos un buen amigo. Un hombre sabio asegurará su vida y la de su familia haciendo lo necesario para conservar amistades vitales con hombres nobles y virtuosos.
Es importante enfocarte en la creación de redes sociales piadosas, aunque el objetivo y los métodos son infinitamente superiores al esfuerzo del mundo por encontrar contactos y clientes para sus propios fines egoístas. El gran Dios instruye a Sus mensajeros a mostrarse amigables (Tito 1:8), como Pablo se mostró con Timoteo (Hch 16:1-3; Fil 2:19-23; 2 Ti 1:1-5). La mayoría de los llamados cristianos de hoy no saben nada de tener buenos y verdaderos amigos, porque desprecian a los santos y los justos, y abrazan a los falsos cristianos de los postreros días (2 Ti 3:1-5).
¿Qué tipo de amigos cumplen con la instrucción de este proverbio? El contexto, inusual en Proverbios, describe los rasgos intachables de los verdaderos amigos (Pr 27:4-5,9). Los verdaderos amigos aman en todo momento, ya sea que estés en buenas o malas circunstancias (Pr 17:17). Son exaltados por su temor de Dios, amor a la verdad y justicia personal (Sal 119:63). ¿Conoces a hombres así? No puedes pasar por alto ninguna de estas cualidades, o perderás el beneficio que se te ofrece.
La sangre del Señor Jesús crea un vínculo mayor que la sangre humana, cuando dos genuinos seguidores de Cristo se encuentran por la bondadosa providencia de Dios. No hay egoísmo, autoprotección, miedo, dudas o agenda oculta entre tales amigos. Confían plenamente el uno en el otro (1 S 14:6-7), y se fortalecen mutuamente en Dios (1 S 23:14-18). Buscan aunar su celo por hacer la voluntad de Dios (2 R 10:15-16).
Los falsos amigos, que constituyen la gran mayoría de todos los hombres del mundo, son amigos del buen tiempo: solo están contigo mientras es fácil y provechoso para ellos (Pr 14:20; 19:4). O son amigos carnales, cuya amistad se basa en la compatibilidad mundana. O son amigos débiles, a los que debes ayudar constantemente debido a su falta de carácter. David no tenía ningún uso para los falsos hermanos y los corazones empedernidos de sus sobrinos (Sal 101:3-8; 144:11; 2 S 3:39).
¿Te mereces buenos amigos? Los solitarios no los tienen, porque son demasiado egoístas para dar amistad. Los rebeldes salen perdiendo porque son inconfiables y ofensivos. Los transigentes no tendrán ninguno porque son de doble ánimo. Cuanto mayor sea el celo que un hombre tenga por el Señor Jesucristo, mayor será su deseo por demostrar verdadera amistad. La piedad y la virtud atraen a hombres piadosos y virtuosos; y la piedad y la virtud ahuyentan a los hombres carnales. La vida santa atraerá amigos santos.
Para tener buenos amigos, debes ser amistoso (Pr 18:24). Para conservarlos, debes consagrarte a tal objetivo (Pr 27:10). La amistad es una calle de doble sentido, y es una tontería pensar que los amigos no necesitan estímulo. El proverbio enseña a mantener y cultivar tus amistades con hombres piadosos para que la relación no decaiga o desaparezca. Un hermano ofendido es muy difícil de recuperar (Pr 18:19), y también lo es un hermano defraudado por tu abandono (Hch 15:36-40).
Es la bendición providencial de Dios la que traerá un buen amigo a tu vida, y deberías encontrarlo en una genuina iglesia del Señor, entregada al Señor Jesús y a la verdad apostólica del evangelio (1 Co 12:18; He 10:23-25). Pablo, que viajaba a menudo, tenía tales amigos en varios lugares (Hch 19:31; 27:3; 28:14-15). Algunos deberían estar muy agradecidos por tener hermanos unidos tanto por la sangre familiar como por la sangre de Cristo.
El cielo es el límite cuando tienes un buen amigo. Los beneficios alentadores y sinérgicos de la verdadera amistad son muy grandes, Salomón enumera claramente cuatro de ellos (Ec 4:9-12). Mientras que David y Jonatán conformaron una gran pareja de amigos, como también lo fueron Jehú y Jonadab, tres buenos amigos son aún mejor, así como una cuerda de tres dobleces es aún más fuerte que una de dos (Ec 4:12).
Pero considera la poderosa y rica relación de muchos miembros de la iglesia verdaderamente comprometidos unos con otros y con el Señor, como cada coyuntura y ligamento contribuyendo al crecimiento de todo el cuerpo (Ef 4:16). Se brindan numerosos servicios unos a otros de una manera que ninguna organización mundana emularía (Mt 20:25-28; 1 Co 12:12-27; Fil 2:1-4; 1 Ts 5:14). Tal organismo viviendo bajo la dirección del Espíritu Santo supera los beneficios de una familia terrenal.
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