Proverbios 27:14

“El que bendice a su amigo en alta voz, madrugando de mañana, por maldición se le contará” (Pr 27:14).

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¿Cuándo una bendición es una maldición? ¡Cuando es una alabanza hipócrita! No prestes atención a los halagos, a los cumplidos o a los elogios excesivos. En realidad son una maldición, porque hay un motivo falso o mal intencionado detrás de ellos (Pr 26:24-28; 29:5). El halagador ya te ha engañado, o está a punto de engañarte. Los sabios no se dejan manipular con halagos ni elogios.

El hombre aquí alaba o “bendice” a su amigo en voz alta. ¿Qué te dice este tono de voz sobre él? Indica una exhibición poco sincera en lugar de un cumplido genuino. Tiene la intención de que el amigo, y otros también, escuchen la “bendición”. El elogio en voz alta no es sincero, porque es adulación. Su “bendición” no es una emoción que exprese amistad o sinceridad.

¿Se levanta temprano en la mañana para alabar a su amigo? O, ¿todavía no se va a acostar? ¿Qué te dice esta hora acerca de la “bendición”? Podría ser que “el que bendice a su amigo en alta voz, madrugando de mañana” lo hace porque estuvo toda la noche juergueando con él y recién llegan al domicilio. Indica un cumplido o elogio fuera de lugar y proporción, pues hay cosas más importantes que hacer “madrugando de mañana”, como orar. El elogio es exagerado, por lo tanto se cuenta como “maldición”. La “bendición” es para otra cosa que para demostrar aprecio.

La adulación aquí es entre amigos. Si un enemigo usara un tono de voz alto temprano en la mañana para alabarte, sería fácil saber que es falso y peligroso (Sal 5:8-10). Pero cuando es entre “amigos”, es mucho más difícil ver el peligro (Pr 29:5). Los sabios, que valoran las advertencias bíblicas, se mostrarán impasibles ante los elogios fuera de lugar, especialmente si son de sus “amigos.

Dios odia la adulación. La adulación es un cumplido, halago, o elogio, que se le hace a alguien para que crea algo que no es. Es una práctica de los hipócritas (Sal 5:9). Las rameras usan la adulación para seducir a los incautos (Pr 6:24; 7:21). Israel usó la alabanza para asegurar la liberación de Dios de sus enemigos (Sal 78:34-37). ¡Dios acabará con todos los aduladores y cegará a sus hijos! (Job 17:5; Sal 12:1-3)

Los justos no darán títulos halagadores a otros hombres (Job 32:21-22), aunque esta práctica sea muy popular en la religión (Mt 23:6-12). Algunos ministros usan los títulos de “Reverendo o Padre delante de sus nombres como una forma de recibir halagos de las personas. Pablo nunca usó la adulación ni la auto-adulación, lo cual es lo opuesto a lo que hacen los manipuladores y halagadores religiosos tan populares hoy en día (1 Ts 2:5). Los verdaderos ministros no adularán a otros ni se auto-adularán a sí mismos, por el contrario, derribarán argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios (2 Co 10:4-6).

En esta era, la imagen es más importante que el contenido; la apariencia, que el rendimiento; y la percepción, que la realidad; por lo que es fácil aprobar la adulación. A los vendedores se les enseña a hacerlo. En lugar de presentar objetivamente un producto por sus méritos reales, exageran mentirosamente sus capacidades y rendimiento: lo llaman publicidad. De igual manera lisonjean, elogian y halagan a sus potenciales clientes con palabras evidentemente poco sinceras.

Hablar es barato. Los sabios lo saben e ignoran la mayoría de las cosas malas que se dicen de ellos a sus espaldas (Ec 7:21-22) tanto como ignoran las cosas buenas que dicen de ellos en público (Pr 27:14,21). Un acto de verdadera bondad es más significativo que muchas alabanzas y lisonjas. La corrección y la reprensión son mucho más valiosas para la prosperidad y el éxito espiritual que cualquier cumplido. Es un deber de los santos pensar sobriamente de sí mismos, y esto es difícil de hacer, si disfrutas de las alabanzas de los hombres (Pr 29:5; Ro 12:3).

Saúl halagó a David ofreciéndole a sus dos hijas, con la intención de usar el cebo para matarlo por medio de los filisteos (1 S 18:17-25). Absalón halagó a los hombres de Israel para robarles su lealtad a David (2 S 15:1-6). Los ciudadanos de Tiro y Sidón alabaron a Herodes igualándolo a Dios, por lo que el Señor hizo que los gusanos se lo comieran vivo por aceptar dicha alabanza (Hch 12:21-23).

Pero no toda alabanza es pecado. El elogio de hacer que una persona crea una falsedad o haga algo malo es pecado. Pero el Señor Jesús elogió a Sus discípulos con buena intención (Lc 22:28). Pablo mencionó a un compañero creyente, que fue alabado en todas las iglesias (2 Co 8:18). También elogió a Corinto (1 Co 11:2), a Timoteo (Fil 2:19-22), y enumeró a muchos hombres y mujeres para honra y alabanza de ellos en las iglesias (Ro 16:1-15). Y tanto el marido como los hijos alabarán a la mujer virtuosa por sus diligentes y nobles esfuerzos (Pr 31:28-31). La alabanza hipócrita, la adulación manipuladora, la zalamería con motivos ulteriores es pecado.

La alabanza prueba inequívocamente el carácter de un hombre (Pr 27:21). La mayoría de las personas son vulnerables a la adulación, tanto de hombres como de mujeres; quieren creer que la alabanza es verdadera y transigen con sus principios para obtener más (Pr 29:5). Pero el sabio preferirá la reprensión del amigo sincero al beso del enemigo (Pr 27: 5-6). El Señor Jesús, el mayor ejemplo de sinceridad, hizo lo que pudo para impedir la alabanza de los hombres y Su popularidad entre ellos (Mr 7:36). Esfuérzate por olvidar pronto los elogios, pero recuerda bien la corrección: esto último es mucho mejor para tu alma que lo primero.

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