Proverbios 27:3
“Pesada es la piedra, y la arena pesa; mas la ira del necio es más pesada que ambas” (Pr 27:3).
¿Cómo discutes con un necio? Un necio enojado es demasiado terco y obstinado para escuchar razones, y demasiado ciego para ver las consecuencias de su pasión salvaje. La arena y la piedra son densas, muy pesadas para su volumen, pero no son tan gravosas y opresivas como un necio enojado.
Ya es bastante malo estar cerca de un necio que no está enojado, porque su idiotez casi puede volver loco a un justo. Su cacareo incesante es mucho ruido sin provecho alguno (Ec 7:4-6). Salomón dice en otro lugar:
“Si el sabio contiende con el necio, ya sea que se enoje o se ría, no hay descanso” (Pr 29:9).
¿Cómo es una osa cuando le quitan sus cachorros? ¡Muy peligrosa! Tan peligrosa es esta criatura que los proverbios de Salomón y de muchas otras naciones asumen su furia ciega. Pero el sabio Predicador dice que sería mejor encontrarse con una osa a la cual le han robado sus cachorros, que con un fatuo en su necedad (Pr 17:12). Así de serio es el asunto. ¿Qué debe hacer el sabio? Mantenerse alejado del necio.
Un necio no teme a Dios. Un necio ha rechazado la sabiduría de Dios para guiar sus acciones. Es peligroso para sí mismo y para todos los que están cerca de él. Pero cuando está enojado, generalmente por algo ridículamente insignificante, su potencial de daño aumenta considerablemente. Es capaz de cualquier cosa, porque tiene poca conciencia y entendimiento para limitar sus acciones.
Simeón y Leví masacraron brutalmente a una ciudad de hombres nobles por la violación de su hermana Dina (Gn 34:25-26; 49:7). Doeg, el edomita, mató a todos los sacerdotes de Dios, junto con sus familias y su ganado, en su furor contra David (1 S 22:18-19). Amán buscó ejecutar a todo el pueblo judío por la supuesta ofensa de Mardoqueo de no inclinarse ante él (Est 3:5-6). Joab asesinó sin piedad a Abner, a Absalón y a Amasa en su insensatez furibunda (1 R 2:28-34).
El peligro es claro. ¿Qué debe hacer el sabio? Evitar a los necios (Pr 9:6; 14:7). Aléjate de los necios y de los escarnecedores, porque se volverán contra ti y te despedazarán si pueden; los sabios los evitan tanto como sea posible. Echa fuera al necio, y terminarán las contiendas, las rencillas y los oprobios (Pr 21:24; 22:10,24; 26:21; 29:22; Sal 101:3-8; Mt 7:6; Ro 16:17-18).
No le des ningún honor a los necios (Pr 26:1,8). Neutralízalos tanto como sea posible. Si tienen alguna influencia o respeto público, lo usarán en el día de su ira para dañar a los inocentes. Ciérrales la boca y ponlos en su lugar (Pr 26:5; Gl 2:4-5; Tit 1:9-16). Castígalos tan severamente como puedas de manera pública para enviar un mensaje fuerte y claro a otros (Pr 19:25; Dt 17:8-13; 1 Ti 5:20). Dios te protegerá de la ira del necio si tú cumples con la condición de echarlo fuera de tu vida y no tener nada que ver con él.
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