Proverbios 27:9

“El ungüento y el perfume alegran el corazón, y el cordial consejo del amigo, al hombre” (Pr 27:9).

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El aroma, el olor o la esencia de una buena colonia o perfume pueden darte un profundo placer a través del sentido del olfato (Pr 7:17; Sal 45:7-8; Cnt 1:3; 3:6; 4:10). Este es un sentido poderoso. El efecto es inmediato. De la misma manera, un amigo bueno y honesto puede levantar tu espíritu y causarte un gran placer con un consejo sincero y provechoso. Esta es la observación de Salomón. ¿Tienes un amigo así? ¿Eres tú un amigo así?

La mayoría de los amigos son poco más que conocidos. Te informan sobre sus circunstancias, e incluso pueden preguntar y escuchar sobre las tuyas. Te envían un saludo de cumpleaños, y tú se los devuelves. Consideran la adulación y tu compañía cuando necesitan que tú seas cordial con ellos, pero saben poco o nada acerca de demostrarte la cordialidad descrita en este proverbio, cuando la necesitas. Si pierdes tu salud, posición social o trabajo, ya no son tan amigables; desaparecen (Pr 14:20; 19:4,7; Sal 38:11).

Los verdaderos amigos hacen mucho más (Pr 17:17; 18:24; 1 S 18:3; 20:17). Están más interesados en tu bienestar que en el suyo, en tu perfección que en su paz. Practican el amor verdadero que nace del deseo sacrificial por tu prosperidad en espíritu, alma y cuerpo. Los tiempos difíciles de tu vida no los alejan de ti; las dificultades los acercan a ti: saben que pueden desempeñar un papel más importante y ayudarte más en las dificultades que en el éxito.

¿Qué es un consejo cordial? Es un consejo del corazón: genuino, sincero y afectuoso. Es un consejo lleno de buena voluntad y sentimientos bondadosos, cálido, con afecto. Es lo opuesto a la charla superficial, las bromas tontas, los intercambios egoístas o la adulación hipócrita. Y es más que una indicación o comentario, sin importar cuán verdadero o valioso sea (Ro 12:15; Job 2:11-12; 42:11).

¿Cómo puede un consejo ser como el perfume? Cuando es reconfortante para el alma, cuando levanta el espíritu con confianza, buena voluntad, esperanza, alegría y acción de gracias. Así como los aromas agradables pueden causar placer, así un consejo sincero vivifica agradablemente el alma. Los placeres son mejores si se comparten, y las penas deben compartirse también (Ec 4:9-12). La mayoría compara la amistad a un perfume si pueden recibir algo de la relación. Pero no es así con los amigos que saben lo que es la piedad (Mt 7:12; Hch 20:35).

David y Jonatán fueron grandes amigos. Cuando huía para salvar su vida del rey Saúl, David a menudo se escondía en lugares apartados y solitarios por seguridad. Jonatán, aunque hijo del rey y heredero del trono (1 S 20:30-31), en una ocasión fue hasta donde David estaba y lo animó en el Señor (1 S 23:16). Jonatán le recordó a David la fidelidad de Dios y le prometió la suya propia. Levantó a David del desánimo y lo consoló de todo corazón. ¡Qué dulce fue esa amistad y ese consejo para ambos ese día en el desierto! Como el ungüento y el perfume alegran el corazón, el cordial consejo de su amigo Jonatán alegró el corazón de David, quien consideró el amor de Jonatán mayor que el amor de las mujeres (2 S 1:26).

Jonatán no fue el único amigo de David. Este hombre virtuoso tuvo otros buenos amigos. Considera a Itai el geteo, uno de muchos filisteos que prefirió ser considerado un traidor a su nación para servir a David (2 S 15:16-23). Considera a Hiram, rey de Tiro, quien le hizo favores a Salomón para honrar la amistad que había tenido con David (1 R 5:1; 2 S 5:11).

Hay otros amigos mencionados en la Biblia. Considera a Jehú y a Jonadab destruyendo la adoración a Baal en Israel (2 R 10:15-28). Pablo y Timoteo fueron otros buenos amigos que trabajaron juntos en la edificación espiritual de los santos gentiles (Hch 16:1-3; Fil 2:19-22; 2 Ti 1:1-5)

¿Has leído acerca de Aquila y Priscila dando un cordial consejo a Apolos? (Hch 18:24-28) Andrés fue un verdadero amigo de Pedro, su hermano (Jn 1:40-42), así como Felipe de Natanael (Jn 1:43-51). ¿Qué hay de Rut y Noemí? (Rut 1:16-17; 3:1-5; 4:13-17) ¿De Lucas y Teófilo? (Lc 1:1-4; Hch 1:1) María de Betania, Marta y su hermano Lázaro fueron grandes amigos del Señor Jesús (Lc 10:38-42; Jn 11:1-46). Y no puedes olvidar el sabio y cordial consejo que Jetro le dio a Moisés (Ex 18:1-23).

A veces, el consejo sincero toma forma de reprensión y advertencia. David escribió: 

Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza” (Sal 141:5). 

La amable corrección de quien sinceramente desea tu perfección es, en realidad, como ungüento y perfume que alegran el corazón. Contrariamente a las ideas del mundo, el amor verdadero corrige el pecado (Lv 19:17). Los sabios desean más la reprensión manifiesta que el amor oculto porque fieles son las heridas del que ama, pero importunos los besos del que aborrece. (Pr 27:5-6).

David tuvo muchas mujeres, pero solo tuvo una buena amiga. ¿Quién fue? No fue su primer amor, Mical, porque ella despreció su intenso amor por Dios y Su adoración (2 S 6:20-23). No fue la madre de Salomón, Betsabé, porque ella participó en el atroz pecado de adulterio y asesinato con él (2 S 11:1-5). La única real amiga de David fue Abigail, quien de todo corazón le advirtió que no arruinara su reputación con el asesinato de su malvado marido (1 S 25:1-44). ¿Cuán dulce fue este consejo? Él la bendijo y se casó con ella tan pronto como fue viuda.

¿Dónde puedes encontrar amigos así? Son muy escasos, por lo que sólo debes esperar encontrar a uno entre los discípulos del Señor Jesús, entre los que han aprendido la verdadera amistad del Señor mismo (Jn 13:34-35; 15:11-17). Estos escasos amigos están en las verdaderas iglesias de Jesucristo, donde el Espíritu Santo y la Palabra de Dios han moldeado los corazones de los hombres para que sean los amigos sacrificados, serviciales, sensibles y comprensivos que describe este proverbio (Fil 1:3-5). Después de todo, la sangre y la doctrina del Señor son, con mucho, los lazos más fuertes de todos los que existen.

No hay lugar para el egoísmo, la autoprotección o la autopromoción en la verdadera amistad. Debes estar dispuesto a exponerle tu corazón a tu amigo para poder ayudarlo. ¿De qué otra manera puedes consolarlo cuando está en problemas “por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”? (2 Co 1:4) Santiago nos instruye: 

“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros” (Stg 5:16). 

¿Puedes desarrollar este corazón de un verdadero amigo? ¿Qué tan importante es la verdadera y bíblica amistad  para ti? El verdadero amigo debe ser estimado y protegido por encima de los miembros de tu propia familia (Pr 27:10). Se deben hacer grandes esfuerzos para evitar las ofensas (Pr 18:19). Salomón mantuvo como un buen amigo a Hiram, quien había sido un fiel amigo de David (1 R 5:1-18). Pero el necio y profano Roboam abandonó a los amigos de su padre Salomón prefiriendo escuchar a sus ignorantes amigos, gracias los cuales perdió diez de las doce tribus del reino que había heredado de su padre (1 R 12:1-20).

¿Agregarás el precioso aroma de la verdadera amistad a este vil mundo? ¿O agregarás el hedor de la insensibilidad egoísta? ¿Pavimentarás con esta amistad tu camino a la casa de Dios y encontrarás esta comunión del alma entre los santos de Dios? Si tu iglesia carece de este tipo de amistad, muéstrales cómo se obtiene. Y honra a los que te la ofrecen a ti. No hay amigo como el Señor Jesús, así que empieza por cultivar tu relación con Él.

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