Proverbios 29:14

“Del rey que juzga con verdad a los pobres, El trono será firme para siempre” (Pr 29:14).

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La forma en que un gobierno trata a los pobres afecta en gran medida a la nación. Salomón dio advertencias similares en otros lugares (Pr 20:28; 28:16; 29:4). La madre del rey Lemuel también enfatizó lo mismo (Pr 31:8-9).

Tu vida también depende de cómo trates a los pobres (Pr 14:21; 19:17; 21:13; 28:8,27; 29:7). Aquí hay una manera simple para obtener las bendiciones de Dios. ¿Eres un defensor y benefactor de los verdaderamente necesitados? (Job 34:28; Sal 140:12; Hch 20:35)

Dios estableció a los gobernantes civiles como una de las cinco esferas de autoridad para el beneficio de aquellos que no pueden defenderse. Las familias individuales no pueden protegerse a sí mismas en tiempos de guerra, por lo que el gobierno llama al ejército para proteger a toda la nación. Los pobres no tienen los medios para resistir o derrotar a los opresores ricos, por lo que el gobierno debe intervenir por ellos promoviendo leyes que los protejan.

David escribió: 

“Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada” (Sal 68:5). 

El gobernante que teme a Dios y conoce su santa ley defenderá a las viudas y a los huérfanos. Daniel le advirtió a Nabucodonosor que podía prolongar su tranquilidad mostrando misericordia a los pobres (Dn 4:27). Esta es una ley, piadosa y sabia, de las ciencias políticas.

Los pobres, las viudas, los huérfanos, y otros desposeídos necesitan protección de aquellos que podrían aprovecharse de ellos debido a su vulnerabilidad y debilidad. Por tanto, Dios ordenó el gobierno civil y estableció leyes para la protección de los más vulnerables (Pr 22: 22-23; 23:10-11; Ex 22: 22-24; Dt 27: 19; Sal 12:5). Esta regla de sabiduría es importante para Dios y debería serla para ti también.

Una nación asciende o desciende de acuerdo a su cuidado de los que son pobres por un acto de Dios (fuerza mayor). Dios no respeta las teorías socialistas de los estados de bienestar. Solo una persona que se ha vuelto casi indefensa por un acto de Dios puede recibir caridad, y las únicas necesidades que Dios reconoce son comida, ropa, techo y atención médica de emergencia. Ayuda adicional a lo estrictamente indispensable se puede convertir en pecado al fomentar una vida de ocio y dependencia a los beneficios estatales.

América se jacta de su Estatua de la Libertad en cuya base tiene una placa de bronce con estas palabras grabadas en ella: 

¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres/Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad/El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas/Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades, a mí”. 

Sin embargo, América succiona a los no-natos miembro por miembro a razón de 3.000 por día, 1.2 millones por año. Aunque ellos también anhelan respirar en libertad. 

Los no-natos son los verdaderamente pobres y desamparados que deben ser protegidos en América, y seguramente serán vengados por Dios mismo (Ex 21:22-25).

Los crímenes de una nación se conocen por sus pecaminosas políticas públicas, y también se conocerán por la caída de esa nación bajo el juicio de Dios. ¿Qué le hará Dios a la nación que derrama sangre inocente? 

El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira” (Sal 2:4-5).

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es más que asistir a un servicio religioso el día domingo: incluye visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo (Stg 1:27). Esto es lo que demuestra nuestra verdadera fe y da evidencia de la vida eterna en nosotros (Mt 25:31-46; 1 Ti 6:17-19). Dios busca a los que hacen tales cosas para bendecirlos ahora y en el futuro (Dt 15: 7-10; Sal 41:1; Is 58:5-12).

La Biblia enseña claramente la voluntad de Dios en cuanto a las buenas obras: el cuidado de los pobres es Su prioridad. 

Debes ayudar primero a los verdaderamente pobres entre tus familiares; luego a los de tu iglesia; luego a otros hermanos en la fe; y luego a los que Él pone delante de ti en los asuntos ordinarios de la vida.

De acuerdo a este proverbio, el trono del Señor Jesucristo será firme para siempre (Sal 45:6-7; He 1:8-9). Sanó a los pobres de todas sus enfermedades, bendijo a los pobres en espíritu, les predicó el evangelio, convirtió a los ladrones y les enseñó a los ricos a ayudar a los que están en necesidad. Si has tomado Su nombre, ¿eres como Él?

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