Proverbios 29:15
“La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” (Pr 29:15).
El rey Salomón aplica verdadera psicología inspirada aquí. La explica, la garantiza, y advierte sobre el descuido de ella. De ella dependió el éxito y la prosperidad de su nación, así como de ella depende el futuro éxito y la prosperidad de tu familia. Escucha al rey inspirado por Dios.
Un conocido refrán dice: “Evita la vara y arruina al niño”. Es cierto (Pr 13:24; 19:18; 23:13-14). Pero, “Evita la vara y avergüenza a la madre”, también es cierto, como declara el proverbio aquí. Instruir a un hijo es una propuesta en la que todos ganan: el hijo y los padres.
Todos los niños nacen inclinados por defecto a la necedad, y deben ser corregidos con reprensiones y castigos para que aprendan sabiduría y tengan éxito en la vida (Pr 22:6,15; 29:17). Esta es una de las reglas más repetidas de Proverbios, y es la más segura. Si se descuida este método de educación infantil, el hijo será una dolorosa vergüenza para sus padres.
A los niños se les debe enseñar las tareas más simples. La corrección son reprimendas y advertencias contra la mala conducta. La vara es el castigo físico, para reforzar la corrección verbal. A medida que el hijo crece, la necedad de su corazón se hace más y más manifiesta en su carácter (Pr 22:15). Pero la vara y la corrección la ahuyentarán: le enseñarán sabiduría al muchacho (Pr 22:6,15; 29:17).
En lugar de instruirlo con los métodos inspirados de la corrección verbal y castigo corporal, se le dice al pequeño Juanito que es especial tal como es. Es mimado y consentido sin importar lo que se haga a sí mismo o le haga a cualquier otra persona. Sus rabietas son autoexpresión; su falta de autocontrol es hiperactividad; su rebeldía es independencia; su promiscuidad es porque tiene mucho amor que dar; su violencia es una personalidad voluntariosa; y su piromanía es creatividad. Termina siendo un experimento social, drogado, descartado, divorciado, disfuncional y deprimido. Es increíble que tal locura sea descrita como “avances” en la educación.
El abuelo creció en el campo. Sabe que los terneros machos se convierten en toros. Recuerda que si ayudaba al toro a convertirse en buey, necesitaría dirigirlo con una gran vara conocida como “aguijada”. Sabe que los caballos machos se llaman sementales. Sabe que si no se convierte al potro en un caballo castrado, necesitará una brida y una fusta para controlarlo. Y sabe exactamente cómo ayudar a Juanito a obedecer la ley, a compartir juguetes con su hermana, a ser honesto y no jugar con fuego. El abuelo conoce Proverbios 26:3 y 29:15.
El abuelo conoce el comportamiento predeterminado de los animales, y cómo alterarlo para lograr de ellos obediencia y rendimiento. Su padre usó con él una enseñanza similar a la utilizada para entrenar los caballos en el campo. ¡Nunca necesitó Ritalin! Y eso que solo tenía una educación de sexto grado y la Biblia.
Cuando era niño, el abuelo no entendía por qué Susi, la socialista, llenaba el camino a la ciudad con panfletos que decían: “A los niños no puedes vencerlos”. El abuelo sabía que los toros y los sementales son peligrosos si no se tiene una aguijada o una fusta en la mano. Pero habiendo sido criada por una madre consentidora, Susi nunca tuvo más contacto con el reino animal que un pez dorado en una pecera. Y su única responsabilidad era alimentarlo, así que su ignorancia le permitió aceptar sin pensar la nueva y excitante idea del Ministerio de Educación de hacer lo mismo con los niños: tratarlos como al pez dorado en la pecera.
La advertencia sobre un muchacho “dejado a su suerte” (el muchacho consentido del proverbio) no es una advertencia a las guarderías o a las escuelas; es una advertencia a los padres acerca del peligro de descuidar el moldeado del carácter de su hijo. Si los padres no hacen su trabajo en casa, vendrán días futuros de dolor y angustia, cuando ambos padres se avergonzarán de la necedad de su hijo (Pr 10:1;17:25).
Se están destruyendo los cimientos de la sabiduría bíblica. Lo que alguna vez fueron axiomas—proposiciones fundamentales, evidentes y verdaderas por sí mismas que se aceptan sin necesidad de demostración—ahora se dejan de lado para experimentar con las alucinaciones de los ingenieros sociales, que nunca han entrenado a un animal o criado a un niño con carácter moral. La sabiduría divina y natural, y seis mil años de experiencia, se dejan de lado por los meros balbuceos de psicólogos que piensan que otra porción de algodón de azúcar le hará mejor al niño.
Por sí misma, la vara crea miedo servil, que no es el objetivo de la verdadera educación. Sin afecto, desalentarás a tu hijo (Col 3:21). Administrada con dureza, crearás en él un amargo resentimiento que se volverá contra ti más tarde (Pr 29:21). Sin amor, no eres como el Señor (Sal 103:13). Sin misericordia, Él te juzgará sin misericordia (Stg 2:13). El bendito Señor ve cada palabra de reprensión y cada uso de la vara (Ecl 5:8).
Dios y el rey Salomón comparten contigo consejos invaluables para el éxito y la prosperidad de tu familia. ¡Qué increíble bendición! Esta no es una oración de un discurso sobre psicología infantil escrita por una niña cuyo mayor logro es alimentar a su pez dorado en una pecera. Esta es la regla inspirada de Dios sobre cómo impartir sabiduría al muchacho, transmitida a ti a través del rey más sabio de la historia.
Si aceptas humildemente la instrucción, puedes formar y moldear el carácter de un hijo sabio, para que triunfe en el mundo para su beneficio y placer, y también para el tuyo. Si niegas, rechazas o ignoras la sabiduría de Dios y Salomón, entonces la consecuencia segura es la vergüenza por haber “criado” un hijo consentido y rebelde, que el mundo despreciará y la vida castigará. La decisión es tuya. El resultado futuro es seguro. Dios y Salomón te lo garantizan.
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