Proverbios 29:2
“Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; Mas cuando domina el impío, el pueblo gime” (Pr 29:2).
Es tiempo de duelo en todas las naciones, porque los impíos dominan y pisotean la sabiduría de Dios. ¿Cómo pueden alegrarse los santos cuando ven la equidad, la justicia, la verdad y la sabiduría corrompidas a diario? Salomón, escribiendo a su hijo como futuro rey de Israel, hace esta observación sobre la política: La gente de cualquier nación se ve seriamente afectada por la moralidad de sus gobernantes.
El proverbio no se aplica a todos los hombres: Los impíos aman a los gobernantes malvados, porque promueven y protegen sus pecados. Muchas naciones han amado, y aman, a gobernantes ateos y profanos. “El pueblo que se alegra” de este proverbio son los santos de Dios. Salomón le enseña a su hijo una motivación piadosa para procurar gobernantes nobles y honrarlos.
Muchas naciones nunca han tenido un gobernante justo, por lo que nunca han tenido razón para alegrarse. Sin embargo, incluso en naciones donde siempre han habido pocos creyentes, un gobernante que protege y provee justicia a su pueblo ha sido motivo de alegría. Tiranos violentos, como Herodes el Grande, que mandó a matar a los niños menores de dos años en los alrededores de Belén, causan gran duelo incluso entre los ciudadanos más encallecidos (Mt 2:16-18).
La observación política de Salomón es cierta. Cuando el rey Asuero promovió a Amán en Persia, la ciudad capital de Susa estaba conmovida por la exaltación de tal malvado hombre (Est 3:15). Pero cuando el justo Mardoqueo lo reemplazó, el pueblo se alegró y regocijó (Est 8:15). Israel se regocijó cuando Salomón subió al trono, pero gimió cuando su necio hijo Roboam lo sucedió.
Estados Unidos en el siglo 21 parece ser una nación cristiana bajo gobernantes justos. Pero los verdaderos cristianos gimen, porque ven claramente que los impíos dominan. ¿Cómo no van a ser impíos? Protegen el infanticidio, la rebelión infantil, la pornografía, la rebelión laboral, la sodomía, el Islam, el adulterio, la evolución, los divorcios, el endeudamiento nacional y la enseñanza de la lascivia en las escuelas públicas. El mantra: “Que Dios Bendiga a América” , no prueba nada más que ignorancia e hipocresía.
David gimió cuando vio a los hombres apartarse de la ley de Dios (Sal 119:136). Pero viene el día en que el Hijo de David derribará toda autoridad y reinará supremo en justicia delante de Dios (2 S 23:1-7; Sal 45:1-7; Is 9:6-7; Jer 23:5-6). ¿Has creído en el evangelio para que seas uno de los pocos que lo adorarán en ese día? (2 Ts 1:10)
¿Cuáles es la lección? No hay motivo para la alegría en las naciones de hoy (Sal 9:17; 33:12; 144:15). Que todos los que están en autoridad sean justos, incluso los padres, para ejemplo y alegría de aquellos a los que sirven (Col 3:21; 1 Ti 4:12,16). Que todos los santos den gracias y oren por su nación y gobernantes, porque la paz es posible, incluso en medio de Babilonia (Jer 29:4-7; 1 Ti 2:1-2).
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