Proverbios 29:5

 “El hombre que lisonjea a su prójimo, Red tiende delante de sus pasos” (Pr 29:5).

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La adulación es dulce de recibir. Acaricia tu orgullo y alimenta tu ego. Pero cierra tus ojos al carácter y a las intenciones del adulador. No puedes ver la trampa (red) que está tendiendo. No importa lo agradable que sea recibir halagos, cuídate, aléjate; porque te están manipulando.

La adulación también es agradable de dar, porque la mayoría de las veces produce una respuesta positiva y cálida del receptor. Pero la falsedad de la adulación es un serio pecado a los ojos de Dios y de los justos. Si bien encomiar a los demás con buenas intenciones y honestamente es algo bueno, la lisonja hipócrita, el elogio excesivo y la adulación manipuladora, son malos.

Los Proverbios mencionan este tema a menudo (Pr 24:24; 26:24-25; 26:28). La lisonja es un elogio falso, insincero o excesivo que se utiliza para gratificar la vanidad o la autoestima de una persona. El que lisonjea exagera tus buenas características e ignora tus defectos. Las personas halagan a otras para obtener favores inmerecidos y para servir a sus propios intereses (Dn 11:21,32,34). La exagerada autoestima y el orgullo innato, rasgos típicos de los “cristianos” de estos tiempos peligrosos (2 Ti 3:1-2), hacen vulnerables a los incautos a todo tipo de engañadores.

La adulación, o lisonja, es un pecado a los ojos de Dios y de los justos. Es un discurso mentiroso, falso, insincero (Sal 12:2-3; 36:2; 78:36; Ez 12:24). La alabanza con motivo engañoso es cosa profana y perversa. Aléjate de los aduladores (Pr 20:19). La adulación es también uso infiel y perverso de la palabra que obra ruina (Pr 26:28; Sal 5:9-10). La reprensión es mucho mejor, porque tiene el objetivo noble y provechoso de ayudar a quien la recibe (Pr 28:23).

La adulación es peligrosa para el dador, porque Dios lo juzgará por ello, y será conocido como un mentiroso (Job 17:5; Sal 12:1-3). También es peligrosa para el receptor, porque puede seducirlo a hacer lo que no debe, como en el caso de la adulación típica dada por las rameras (Pr 2:16; 6:24; 7:5,21). Joven, no creas ninguna palabra romántica de una chica que quiere que peques. Creer en la adulación, por mucho que desees que sea verdad, es autoengaño (Pr 26:24-25). A menudo la verdad sobre tu carácter y persona es descrita mejor por los antónimos de las palabras que usa quien te adula, y lo sabes.

Los políticos, los vendedores y los ministros “cristianos” de hoy son todos unos aduladores—en lugar de presentar el tuétano, los hechos y la verdad de las Escrituras, ofrecen retórica espumosa y vacía, lenguaje florido y vanas promesas de realización de sus castillos en el aire. Un hombre sabio reconocerá a estos delincuentes de las palabras, que anhelan tu voto, tu compra o tu diezmo. Los verdaderos ministros del Señor no adulan (1 Ts 2:5). Un hombre sabio no permitirá que los hombres le mientan, ni siquiera acerca de sus virtudes (Pr 14:15). Evitará que le tiendan trampas por medio de la adulación, las lisonjas, y los elogios.

Pero el encomio honesto de aquellos con buen carácter y conducta puede ser muy útil. Pablo usa gran parte de Romanos 16 para encomiar a una larga lista de cristianos primitivos, comenzando con Febe. Usado sabia y honestamente el encomio es una manera de provocar a otros al amor y a las buenas obras (He 10:24). El encomio de David a Saúl nos enseña cómo debe uno referirse a los muertos (2 S 1:17-27), porque nunca se debe hablar mal de los muertos. 

El sabio, sin embargo, evitará todo tipo de adulación, porque sabe que es un pecado despreciado por Dios y por los santos (Pr 6:16-19). Si tiene un trabajo que involucre clientes, pacientes o miembros de la iglesia, tendrá mucho cuidado de tratar sólo con los hechos y la realidad. Es una tentación de esta generación ligera, frívola y superficial adular. Todas las personas deben cuidarse mucho en este aspecto, no sea que caigan en la trampa de los elogios excesivos y poco sinceros por causa de su trabajo o el amor al dinero. 

¿Sabes que incluso los títulos honoríficos que se usan tan comúnmente hoy en día en la cristiandad también son condenados por el Señor? (Job 32:21-22; Mt 23:5-12) Aprende la lección de este proverbio y odia la adulación en ambos sentidos, y de todo tipo.

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