Proverbios 30:1

Palabras de Agur, hijo de Jaqué; la profecía que dijo el varón a Itiel, a Itiel y a Ucal” (Pr 30:1).

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La inspiración es todo lo que importa. El escritor importa poco. Las palabras de Dios son las que cuentan. Quién escribió Sus palabras apenas cuenta. Toda Escritura es provechosa, incluyendo este versículo (2 Ti 3:16). ¿Entiendes el privilegio y la responsabilidad cuando Dios te revela Su palabra?

Aquí está la introducción inspirada al penúltimo capítulo de Proverbios. Dios, el autor de la Biblia, usó a varios hombres para que pusieran por escrito Su revelación. Agur es uno de esos hombres. También el rey Lemuel registró las palabras inspiradas por Dios a su madre, en el último capítulo. Estos dos capítulos se agregan a los proverbios de Salomón (Pr 1:1; 10:1; 25:1).

Nada se sabe de Agur más allá de lo que está escrito en este capítulo. Nunca más es mencionado en ninguna otra parte de la Biblia. Pero debido a que Dios le dio sabiduría perfecta, su enseñanza está registrada aquí para ti. Es parte de la biblioteca divina, en la cual Dios ha preservado Su instrucción para la bienaventuranza de todos los que le prestan atención.

Este capítulo tiene las palabras de Agur, en el sentido de que Dios le dio Sus palabras a Agur para formar esta parte de la Biblia. La inspiración es el milagro de Dios en el cual Él pone Sus palabras en los hombres para que las registren para las generaciones posteriores (Sal 45:1; Is 30:8; 2 P 1:21). Estas palabras son inspiradas, porque se describen como una profecía, lo cual es una revelación de Dios.

El padre de Agur fue Jaqué. No sabemos nada más sobre ninguno de los dos. Pero Proverbios enseña sobre padres e hijos. Los padres les enseñan sabiduría a sus hijos (Pr 22:6; 1:8; 4:1-4; 6:20). Los hijos se inclinan ante las palabras de sus padres (Pr 2:1; 3:1; 4:20; 23:26). Padre, ¿has cumplido con tu papel? Hijo, ¿has oído y retenido la doctrina de tu padre?

Agur habló con Itiel y Ucal, quienes eran sus discípulos. Dios eligió transmitir la sabiduría de una generación a la siguiente mediante la comunicación oral, basada en Su palabra escrita (Pr 10:21; 22:17-21; Mal 2:7; Ro 10:14-15; 1 Co 1:21; 2 Ti 2:2). Debes incluir en tus oraciones que Dios envíe obreros a Su mies y bendiga sus esfuerzos (Lc 10:2; 2 Ts 3:1-2).

Itiel y Ucal fueron sabios al buscar un maestro de la verdad y escuchar sus palabras. Muy pocos hombres se apartarán de las actividades mundanas para buscar la sabiduría de Dios (Pr 18:1; Hch 17:11). Solo unos pocos tienen la bendición y el gozo de un servicio de predicación como el de Nehemías (Neh 8:1-12).

¿Eres como Itiel y Ucal? ¿Has buscado un mentor como Agur para que te instruya en la verdad de Dios, como Cornelio buscó a Pedro? (Hch 10:1-8,30-33) ¿Te has inclinado ante la instrucción de ese instructor, como lo hizo el eunuco etíope ante Felipe? (Hch 8:26-40) Una vez que encuentres a tal maestro de las palabras de Dios, no desprecies ni desobedezcas su instrucción, no sea que Dios te juzgue por ello (Lc 8:18; 1 Ts 5:20; Ez 33:30-33).

¿Eres como Agur? ¿Has compartido con otros las palabras de verdad como lo hizo Eliú con Job y sus amigos? (Job 32:1-22) El rey Salomón escribió los Proverbios de los capítulos 1-29 para que aprendas las palabras certeras de verdad, y luego las compartas con otros (Pr 22:17-21). ¿Confías en la verdad y quieres compartirla con otros como lo hizo Lucas con Teófilo? (Lc 1:1-4; Hch 1:1-5) Esto es parte de tu deber y privilegio como cristiano (1 P 3:15). ¡Que el Señor te bendiga y prospere en tal noble emprendimiento!

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