Proverbios 30:13

Hay generación cuyos ojos son altivos Y cuyos párpados están levantados en alto” (Pr 30:13).

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Ya hemos visto que Agur usa la palabra “generación” para describir el pecado de cuatro tipos de personas (Pr 30:11-31). El pecado de esta tercera “generación”, es el orgullo. Las personas de esta “generación” tienen un corazón engreído y altivo, creyéndose mejor que la mayoría. Creen que el mundo gira alrededor de ellas; están ciegas a sus faltas; se sienten muy ofendidas por la falta de aprecio que le profesan los demás, pero no están dispuestas a servir a nadie; les molestan la corrección y los reproches; tienen envidia de las ventajas de otros; y se apresuran a criticar y condenar.

El antiguo problema del orgullo. Es un pecado terrible. Sin embargo, hoy en día se usa como una buena palabra, como cuando dicen: “Estoy orgulloso de esto o aquello”. El orgullo se comercializa como una panacea para tus problemas bajo los nombres de “amor propio” y “autoestima”. Pero sólo es uno de los tres principales dardos que el diablo te arroja cada día: la vanagloria de la vida; los otros dos son, los deseos de la carne y los deseos de los ojos (1 Jn 2:16). 

Escucha la verdad sobre ti. No eres nadie. Eres menos que nada. Tu carácter es depravado y profano desde la concepción (Sal 51:5; Jer 17:9; Ro 3:9-18). Tus habilidades y tu potencial son tan lamentables que toda tu vida puede apagarse tapándote la nariz por un par de minutos (Is 2:22; Sal 146:3-4). Nada trajiste a este mundo; nada sacarás de él (1 Ti 6:7).

Tus logros y tu patrimonio son tan pequeños que nadie te recordará dos semanas después de que te entierren (Sal 49:10-13). Los hombres de clase baja son obviamente nada; los hombres de clase alta son una mentira; combinados, son menos que nada (Sal 62:9). ¿Estás dispuesto a aceptar la opinión de Dios sobre ti?

Viniste a la vida sin saber un solo hecho, ni siquiera que existías. No tenías la capacidad ni la conciencia para evitar ensuciarte. No podías recibir la comida de una cuchara, y beber de una taza era imposible para ti. Enseñarte a pedalear un triciclo y aprender el alfabeto llevó a tu cuerpo y a tu cerebro al límite. Pasaron casi dos décadas antes de que fueras considerado apto para votar. ¿Y te crees genial?

Todo lo bueno que tienes es un regalo de Dios. ¿Cómo puedes estar orgulloso de algo como si lo hubieras conseguido por tus propios esfuerzos? Dios te lo dio por Su elección. Él te ha revelado esto en pasajes como este:

Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Co 4:7). 

Estás condenado, a menos que te humilles. Dios odia la soberbia, porque sólo Él posee la belleza, la gloria, el poder, la verdad y la sabiduría. Solo Él puede decir: “Yo Soy El Que Soy”. De hecho, ¡ese es Su nombre! Nabucodonosor fue el rey más grande en la historia del mundo, pero dijo después de siete años bajo el juicio de Dios: “Él puede humillar a los que andan con soberbia” (Dn 4:37).

¿Cuál es la lección? La verdadera sabiduría odia y rechaza el orgullo. La humildad te salvará de mucho error y te hará crecer en el favor de Dios y de los hombres. Fácilmente puedes inclinarte y confesar ignorancia e incapacidad, si aceptas la verdad. El carácter lleno de gracia que gana el favor tanto de Dios como de los hombres depende en gran medida del excelente espíritu de una persona humilde.

¿Eres humilde? Es fácil de saber. ¿Aceptas que te corrijan, o prefieres corregir a los demás? ¿Elogias y alabas a los demás con facilidad y frecuencia? ¿Estás ansioso por servir, o ser servido? ¿Te sometes completamente sin resentimiento a aquellos que Dios ha puesto sobre ti? Si eres mujer, ¿sabes que fuiste creada para ser la ayuda de tu marido (Gn 3:16), y no al revés?

¿Estás agradecido por las bendiciones o ventajas de otros, o les tienes envidia? ¿Te alegras del éxito de otra persona? Cuando otros te ofenden, ¿te enojas para siempre, o los perdonas rápidamente? ¿Te quedas en un segundo plano y escuchas a los demás? ¿Eres un buen oyente, o un mediocre opinólogo? 

Dios no tiene ningún uso para una persona que piensa que es algo. Bendecirá y ayudará al de espíritu pobre y contrito, que tiembla ante Su palabra (Is 66:1-2; 57:15). Primero, humíllate ante Dios y obedece cada palabra Suya. Segundo, humíllate ante los hombres y sírvelos. 

¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Cualquiera que se humille como un niño, ese es el mayor en el reino de los cielos (Mt 18:1,4).

Si te humillas, Dios y los hombres te exaltarán (Pr 22:11; Stg 4:10; 1 P 5:6). Si no lo haces, Dios y los hombres te abatirán (Pr 15:25; 16:5,18; 21:24). El Señor Jesús advierte: 

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mt 23:12). 

Salomón a menudo escribió acerca de lo mismo (Pr 15:33; 18:12; 22:4; 29:23).

¿Qué puedes hacer hoy para acabar con el orgullo y mostrar humildad? ¿Quién necesita escuchar tus disculpas? ¿Dónde podrías acabar con un rencor y hacer las paces? ¿Quién debería escuchar tu alabanza? ¿A quién podrías amar o servir sin recompensa? ¿A quién podrías agradecer por algo que hizo por ti? ¿En qué entorno podrías servir con reserva en lugar de buscar reconocimiento?

El Señor Jesucristo se humilló a Sí Mismo para nacer de una joven humilde, vivir una vida oscura de pobreza y servicio, y morir una muerte injusta a manos de los Suyos. Por esta gran obra Su Padre lo exaltó muy por encima de todos los ángeles del cielo (Fil 2:5-11). ¿Eres como Él, en algo?

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