Proverbios 30:31 (Traducción de la KJV)
“Un galgo; también un macho cabrío; y un rey contra el cual ninguno se levanta” (Pr 30:31—Traducción de la KJV).
La mayoría de los proverbios de Agur son listas de cuatro cosas o criaturas (Pr 30:11-31). La lista aquí contiene cuatro criaturas que son hermosas en su aspecto, hermosas en su apariencia, movimiento y conducta (Pr 30:29-31). El león, ya mencionado en el versículo anterior, tiene un andar audaz y majestuoso, mostrando orgullo confiado; no teme a ninguna criatura, ni se aparta de ninguna (Pr 30:30). Es el rey de las bestias e ilustra honor, confianza y valentía.
¿Qué tiene de hermoso el galgo? El galgo es una una raza de perro lebrel esbelto y aerodinámico, con el lomo bien ceñido y patas largas que le permiten alcanzar una velocidad de carrera excepcional. Suele tener un carácter dócil pero independiente. Su pelaje es corto, liso y tupido. Con vista para ver pequeños objetos en movimiento a una distancia de hasta 800 metros, fue creado y criado para cazar y perseguir presas a simple vista. Es comparable al guepardo, en belleza y tamaño.
¿Qué tiene de hermoso el macho cabrío? Con una barba larga y triangular, cuernos magníficos y una presencia constante a la cabeza del rebaño, el macho cabrío representa una firme imagen de liderazgo serio y fuerte (Jer 50:8). Dios usó un macho cabrío como símbolo de Alejandro Magno (Dn 8:5-8), lo cual es muy apropiado, ya que los macedonios reverenciaban a este animal. El macho cabrío es un excelente guía y protector, ilustrando la belleza de un líder fiel y patriarcal.
¿Qué tiene de bello un rey contra el cual ninguno se levanta?
Nabucodonosor fue el rey más grande de la antigüedad (Dn 2:37-40; Jer 27:6-7; 28:14; Ez 26:7). No compitió en elecciones para el cargo; no respondió a nadie sino a Dios; sus oponentes no dibujaron caricaturas groseras de él en las paredes; no estrechó la mano del populacho ni besó a los bebés para ganarse el trono. Cualquier día podía comenzar una nueva religión por puro gusto e imponerla bajo pena de muerte a todos los súbditos del reino (Dn 3:1-7). Si lo ofendías, aunque estuvieras en su gabinete, te haría cortar en pedazos, mandaría a derribar tu casa y a levantar una gran pila de estiércol en su lugar (Dn 2:5; 3:29).
Salomón y David fueron grandes reyes elegidos por Dios (2 S 8:1-6; 1 R 2:12; 4:20-28). Comprendieron el poder de un rey y escribieron sobre él. Debían ser temidos como se teme al león en la selva (Pr 16:14-15; 19:12; 20:2; 24:21-22; Ec 8:2-5; 10:4,20). Y erradicaron todo mal en su reino por la autoridad de su cargo (Pr 14:35; 16:10; 20:8,26; 29:14). Sabemos, por Agur, que el rasgo que debemos admirar en un verdadero rey es su autoridad implacable, la que se describe con las palabras: “Contra el cual ninguno se levanta”. Esto es algo hermoso, sin importar lo que impliquen la Declaración de Independencia o la de los derechos humanos.
¿Qué lecciones se pueden aprender de esta lista? Primero, el Señor Jesucristo posee todos estos rasgos; y segundo, los cristianos también deben tratar de poseerlos. No basta con ser justos: también debemos ser agradables al andar, añadiendo belleza y gracia a cada acto. Es por la conducta decorosa en los deberes que los cristianos añadimos gloria y alabanza a nuestra fe. El deber y la justicia son excelentes, pero la manera y el espíritu en que lo haces ensalza su belleza (Pr 22:11; Mt 5:16; 1 Co 13:5; Gl 4:18; 5:6; Fil 1:27; Tit 2:1,9-10).
¿Eres como el león al cumplir con tus deberes cristianos, sin importar la oposición o las amenazas? (Pr 28:1; Job 32:1-14; Sal 119:98-100; He 13:6) ¿Eres rápido como el galgo en guardar los mandamientos de Dios? (Sal 119:60; Gal 1:15-17) ¿Eres un líder fiel, como el macho cabrío, en tu familia e iglesia? (1 Co 16:13; Ef 4:16; 6:4) ¿Eres inconmovible, como un gran rey, en la defensa de la autoridad ordenada por Dios, la justicia y el evangelio apostólico? (Pr 22:17-21; 1 P 3:15; Jud 1:3)
El Señor Jesucristo es el León de la tribu de Judá y no se aparta ante nadie (Ap 5:5). Destruyó las obras del diablo, a quien también se le describe como un león rugiente (1 Jn 3:8; 1 P 5:8). Es como el galgo, porque es rápido en entender y en venir en ayuda de los Suyos ((Is 11:3; Ap 2:5,16; 3:11; 22:7,12,20). Él guía a Su pueblo, como su Líder, Obispo y gran Sumo Sacerdote, como el macho cabrío. ¡Y ninguno se levanta contra Él, porque es el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores (1 Ti 6:15).
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