Proverbios 31:16

“Considera la heredad, y la compra, Y planta viña del fruto de sus manos” (Pr 31:16).

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La mujer virtuosa no se duerme en los laureles. De hecho, ¡casi nunca se sienta! Presiona hacia adelante en una nueva dirección. Las tareas domésticas no ocupan toda su energía y tiempo, por lo que planea una empresa comercial. Esta mujer es más que una niñera, cocinera y lavandera.

Mujeres, la madre del rey Lemuel le dirigió estas palabras a su hijo (Pr 31:1). Estas no son las palabras de un hombre que no conoció las dificultades de una esposa y madre. Estas son las palabras de una madre, que sabía que la diligencia prudente es el rasgo supremo de una mujer virtuosa. Verse bien, cocinar y limpiar no es suficiente. Esta mujer es una maravilla sabia y laboriosa.

Considera un terreno agrícola para convertirlo en una viña. Es lo suficientemente inteligente y conocedora del tema como para ver el potencial del terreno para la creación de un negocio familiar. No desaprovecha una buena oportunidad. Saca cuentas, mide la inversión de capital, calcula el rendimiento potencial del suelo, verifica los precios en el mercado del vino, determina un posible retorno de la inversión, proyecta las necesidades de flujo de efectivo, y toma su decisión. 

Después de mucho estudio comercial, invierte sus valiosos fondos para comprar el terreno. Está decidida y es audaz; es previsora y valiente; es creativa y emprendedora. Confía en su capacidad, su análisis y las ganancias potenciales para recompensar a su familia en el futuro.

Hace la inversión. Debido a su sabio cuidado del hogar y otros asuntos financieros a través de los años, su marido le ha dado una parte de los fondos familiares a discreción (Pr 31:11-12,23,31). En lugar de perder el tiempo contemplando ofertas de cruceros por el Caribe o clases de yoga, ella invierte su dinero para el futuro de la familia en un activo generador de ingresos.

Planta una viña. Evita los proyectos sociales de mujeres que nunca en su vida han tenido un trabajo de verdad. Ella quiere trabajar, ser productiva. No solo compró el campo; puso manos a la obra para terminar el proyecto (Pr 12:27). Compra plántulas, las planta y espera. Ve hacia el futuro, ya que los viñedos rentables no se crean de la noche a la mañana. ¡Qué mujer!

El cristianismo no requiere que las mujeres sean amas de casa ignorantes. Las mujeres inteligentes pueden estar en casa con niños y otras tareas, según las circunstancias y los objetivos de la familia. Pero el elevado ideal que presentan las Escrituras en este pasaje definitivo exalta el potencial de la mujer. La mujer virtuosa trabaja fuera del hogar en proyectos ambiciosos, pero solo después de haber cubierto ampliamente las necesidades de su marido, hijos y asuntos domésticos.

Primero provee para su marido e hijos (Pr 31:10-12,27-28). Sabe que ser “cuidadosa(s) de su casa” (Tit 2:5) condena la ociosidad y los hábitos pecaminosos de las mujeres insensatas; no significa quedarse en casa todo el día (1 Ti 5:13-14). Ella pone a Dios primero, a su marido en segundo lugar, a la familia en tercer lugar y al negocio en cuarto lugar. Su marido e hijos la elogian, no por estar en casa todo el día limpiando y barriendo, sino por ayudar a edificar la propiedad familiar sin descuidar los aspectos esenciales de ella.

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