Proverbios 31:17
“Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos” (Pr 31:17).
La mujer virtuosa no se deja estar. Sabe que ser excepcional requiere un gran esfuerzo, por lo que se prepara para ello. Una mujer virtuosa no está contenta con sus habilidades, apariencia o logros; se esfuerza continuamente por mejorar en cada área de la vida. No descansa en su búsqueda de la excelencia. Toma su papel en serio y procura ser la mejor.
La productividad de la mujer virtuosa es excepcional. Las demás mujeres se desmayan al leer su descripción. Este proverbio demuestra su compromiso con el esfuerzo enérgico y el trabajo diligente. Toda mujer que quiera agradar a Dios y a su hombre también debe comprometerse con mucha energía y fuerza. Ser esposa y madre no son roles cómodos ni fáciles, cuando se cumplen concienzudamente.
Ten en cuenta las figuras utilizadas en el proverbio. Ceñir de fuerza es hacer una cosa firme y tenerla lista para la acción. Los múltiples trabajos físicos en los días de Salomón requerían recoger (ceñir) las prendas largas y sueltas (como las túnicas) para tener mayor movilidad (2 R 4:29; 9:1; Job 38:3; 40:7). Tener los lomos ceñidos significa ponerse de pie, estar lista para el trabajo. Esforzar los brazos no es algo que haga en un gimnasio. Las flexiones de bíceps y las extensiones de tríceps mantendrán los brazos de una mujer firmes y bien tonificados, pero la figura aquí se refiere más bien a toda su persona: espíritu, alma y cuerpo. La idea es que esta mujer a convocado toda su fuerza física y toda su energía mental para ser productiva en la tarea que se ha impuesto comenzar y terminar exitosamente.
Tiene impulso, energía, fuerza y entusiasmo. No se levanta lentamente realizando movimientos somnolientos. Se levanta para una nueva oportunidad en la vida, y tiene la intención de ser, y hacerlo hoy, mejor que ayer.
No es Dios quien fortalece los lomos y los brazos de la mujer virtuosa: es ella misma quien lo hace. La mujer del proverbio lee, investiga, hace ejercicio, aprende mejores métodos, toma clases, cambia hábitos, rompe rutinas, inicia otras, reorganiza las tareas del hogar y toma cualquier medida que sea necesaria para ser mejor. Está comprometida con la excelencia y la alta productividad.
Porque es la mujer virtuosa, tiene buen entendimiento (1 S 25:3). Sabe que la sabiduría puede multiplicarse y dirigirse para obtener una mayor productividad. No será sorprendida con el hierro embotado (Ec 10:10). Está en búsqueda de mejores métodos, herramientas, horarios, asesorías, recetas o cualquier cosa que le permita mejorar su rendimiento. Está a la vanguardia de cada ventaja que le permita lograr cada vez más en sus tareas.
Una mujer virtuosa no se contenta con enterrar su talento; ella lo invertirá y explotará en todo su potencial; tendrá dos a la hora de rendición de cuentas. No quiere que su Señor la condene por desperdiciar el talento que le confió (Mt 25:14-30). Recuerda la parábola y multiplica tu talento como puedas.
Marido, no es solo sabiduría ayudar a tu mujer a mejorar al permitirle oportunidades para expandir y multiplicar sus habilidades, es un mandamiento (Ef 5:29). Se te ordena amar a tu mujer promoviendo su crecimiento personal. Permítele tomar una clase, buscar asesoramiento, comprar una herramienta o cualquier cosa que la haga ser mejor en sus actividades. También debes darle algo de tus ingresos para que ella lo invierta y obtenga ganancia (Pr 31:31). Después de todo, hombre, tú eres quien recibirá el mayor beneficio. Esposa feliz, vida feliz.
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