Proverbios 31:6

“Dad la sidra al desfallecido, y el vino a los de amargado ánimo” (Pr 31:6).

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El alcohol tiene su lugar. Aunque los reyes y otros líderes deben usarlo con sumo cuidado (Pr 31:4-5), tiene un propósito bueno y útil para otros. Dios lo creó y reveló al hombre, y Él en este lugar te da razones para su uso.

Las bebidas alcohólicas distintas del vino son para alegrar a los deprimidos por la pobreza o la miseria (Pr 31: 7). La sidraque aquí se utiliza como sinécdoque que cualquier bebida alcohólica diferente del vinoestá bien para alegrar a las personas tristes, deprimidas, cuyos corazones están quebrantados por la congoja y la pena. Dios le reveló al hombre cómo hacer estas bebidas, y lo hizo para producir alegría, felicidad y relajación pasajera en aquellos en necesidad (Sal 104:14-15).

La madre del rey Lemuel le dio consejos inspirados a su hijo (Pr 31:1-2). Primero le advirtió sobre el peligro de las mujeres, porque los hombres en autoridad son el blanco predilecto de las rameras y las mujeres promiscuas (Pr 31:3). Luego ella le advirtió a Lemuel sobre el peligro del abuso del vino y otras bebidas más fuertes, lo que perjudicaría su juicio y memoria como rey (Pr 31:4-5). El vino, enseñó la madre del rey Lemuel, es más la necesidad de los desfallecidos y derrotados, que de clase trabajadora (Pr 31:6-7).

El vino, en la Biblia, es siempre el jugo fermentado de la uva: una bebida alcohólica. Al contrario de lo que dicen los abstemios, el vino nunca ha sido el nombre dado al jugo de uva en la Biblia. Aunque sí es cierto que el vino mencionado en la Biblia es totalmente diferente del vino que se comercializa hoy en día: un brebaje sintético, hecho por químicos en un laboratorio en vez de en una tinaja de madera para permitir su fermentación natural y homogénea. 

Dios destinó el vino para un buen propósito. Creó uvas con jugo azucarado en el interior y levadura en la piel. Cuando se trituran las uvas, el azúcar y la levadura se combinan para iniciar la fermentación. Cuando la mezcla llega al 10% de alcohol, la levadura muere y termina la fermentación. Dios creó las uvas y ordenó este proceso para alegrar el corazón del hombre, que ha sido el uso que se le ha dado al vino durante 6,000 años (Sal 104:14-15; Ec 10:19; Is 28:23-29; Gn 9:20).

Dios destinó las otras bebidas alcohólicas también para un buen propósito. Cuando las uvas escaseaban, o los hombres simplemente querían un cambio, podían fermentar otras frutas o cereales y destilarlos. La cerveza es simplemente un destilado de cebada con un nivel de alcohol similar al del vino. El güisqui es un destilado de cereales fermentados (cebada, maíz, centeno o trigo) que se ha envejecido en barricas de roble hasta alcanzar un grado de alcohol considerablemente superior al del vino y la cerveza. Midori de melones, varios sabores de aguardiente, vodka, jerez y brandi son algunas de las muchas otras formas de bebidas fuertes que el hombre ha preparado y consumido por siglos.

Que no haya duda acerca de las limitaciones que Dios ha puesto sobre el vino y todas las demás bebidas fuertes. Dios condena enérgicamente el beber en exceso, lo que lleva a la embriaguez y a la adicción, pero también condena enérgicamente el comer en exceso, que lleva a la glotonería (Pr 20:1; 23:20-21,29-35; Is 5:11; Hab 2:15; Lc 21:34; Ro 13:13; 1 Co 5:11; 6,10; Gl 5:21; Ef 5:18; 1 P 4:1-5). Que no haya duda en ninguna mente acerca de las limitaciones que Dios ha puesto tanto sobre el alcohol como la comida.

Pero Dios permite el uso del alcohol en este proverbio porque actúa como sedante, tranquilizante, y ayuda a una persona deprimida a olvidar, momentáneamente, las cosas negativas de su vida. El alcohol alegra el corazón de los alegres (Jue 9:13; Sal 104:14-15; Ec 10:19), y adormece el corazón del desfallecido (Pr 31:6-7). Nuestro Dios es el Dios de toda misericordia (Mt 12:7), y le permite al acongojado crónico que tenga un descanso de su miseria.

Dios es bueno en todas Sus creaciones, incluido el alcohol. Hizo pan para sustentar tu vida y el vino para alegrar tu corazón (Sal 104:14-15). Él no es el tirano restrictivo de los fariseos modernos que te limitan al jugo de uva, una bebida cargada de azúcar elaborada. Quiere que te relajes al final de un largo día de trabajo, o que olvides tus penas y te vayas a dormir. Los alimentos básicos de la buena mesa antes de los restoranes modernos siempre fueron el vino, el pan y la carne (2 S 6:19).

Pero el alcohol debe ser gobernado, de modo que se evite cuidadosamente la embriaguez. Dios espera que mantengas la mente clara para ser sabio en todo momento y para evitar la mayor vulnerabilidad al pecado que viene con la embriaguez (Pr 23:33). La relajación es buena, pero la laxitud en la piedad no lo es. Si tienes una responsabilidad de liderazgo, incluso como marido y padre, debes considerar seriamente restringir el uso del alcohol e, incluso, eliminarlo por completo de tu vida si te tienta a beberlo más allá de lo permitido.

La embriaguez es beber en exceso. La embriaguez nunca es adecuada como solución para afrontar tus problemas. La embriaguez es solo para los perdedores en la vida (Pr 23:20-21,29-35). Si tienes problemas que no puedes afrontar con tus propias fuerzas, la solución es el Espíritu Santo del Dios vivo (Ef 5:18). Humíllate ante Dios, ruega por la fuerza de Su Espíritu; y comienza a cantar, en lugar de beber (Lc 11:13; Ef 5:18-19). Deja que Él sea la roca de tu corazón (Sal 73:25-26).

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